lunes, 13 de diciembre de 2010

De ríos, murallas y guerreros

当我们终于成功地跳过中国审查, huy, perdón, es la costumbre. Decía que, como hemos conseguido saltarnos la censura china, seguimos contándoos nuestras aventuras, aunque nadie nos deje comentarios últimamente…

Ingrid os dejó en el autobús camino de Yangshuo y, al llegar, antes de bajarnos, una horda de mujeres chinas con gorra, (y gritando, para no variar) se agolparon en la puerta delantera sin dejar prácticamente sitio para bajar. Lo que pretendían era venderte alojamiento, excursiones…etc. La verdad es que en este pueblo, que en verano debe estar sobresaturado de turistas, son bastante insistentes con el tema, lo cual corroboro con dos anécdotas:
Por un lado, una china (de las de la gorra), tras intentar vendernos un billete de autobús que no necesitábamos, decidió seguirnos por la calle, igualico que en las pelis, hasta que, harto de la situación, me pegué a un palmo de su nuca y empecé a seguirla yo. La mujer se reía porque no entendía nada, pero dejó de seguirnos.
Esa misma noche, una señora con su pequeñín de 5 ó 6 años, empezó a pedirnos dinero para que su hijo pudiera comer. Yo, tras ver que el chaval estaba un pelín orondo, y que no vestían nada mal, le cogí de los cachetes y le dije a la señora que el mozo estaba bastante lustroso. El niño se reía, a la madre ni puta gracia porque no entendía nada. Pero también se fueron.

Eso sí, por timar, timan hasta en las galletas del super

¿Véis alguna diferencia?

Aparte de eso, en Yangshuo, que es un pueblo encantador, decidimos hacer lo  mismo que todo el mundo, pasear por el río Li en barca. A lo largo del recorrido por este tranquilo valle, se pueden apreciar unas curiosas y bonitas formaciones rocosas como estas



Al día siguiente, nos alquilamos unas bicis (música ambiente: http://www.youtube.com/watch?v=epgyu_2QieE&feature=related) y nos fuimos a dar otro tranquilo paseo por el río, que se convirtió en una “megarruta” en la cual juntamos dos circuitos que, teóricamente, deberían habernos costado unas 7 horas y los terminamos en 4 ¡ole, ole y ole! y eso que nos perdimos e Ingrid tuvo que preguntar a la gente dónde estábamos. Lo curioso era que ni ellos mismos lo sabían.

Menudo espectáculo ¡ni se ubicaban en el mapa!

Ahora soy yo el que trata de ubicarse

Desde el puente del dragón (siglo XV)
Celebrando la gesta con mojitos y gin-tonics

Al día siguiente, antes de irnos hacia Xian, comimos en un pequeño restaurante del pueblo. Mientras esperábamos la comida, apareció una rata por el comedor que hizo que Ingrid se pusiera muuuuy contenta. Cuando conseguí bajarla de la mesa, se lo comenté a la camarera, y ella me decía: “mouse, mouse”; ¿Mouse? ¡Mis cojones,! que era del tamaño de mi muslo. ¡Coño, chino no sabré, pero diferenciar un ratón de una rata, sí!

Ya en el aeropuerto, aprendimos tres curiosas costumbres de los chinos:

1.    Pasan de hacer fila, se cuelan y siempre van con prisa
2.    Son unas marujas cojonudas
3.    Son bastante guarros (al menos algunos)


Lo primero llega a poner de mala hostia. Estábamos en el mostrador de facturación cuando, en el puesto de al lado, se puso una señorita y nos dijo que pasáramos en orden de fila. Pues no sé cómo, empezaron a correr con los carros empujando hasta pasar delante. Así que, en un perfecto aragonés con tacos, les mandé a tomar por el orto a todos. Una vez más me miraron con cara rara, pero me quedé más ancho que largo. Y es que eso de que no entiendan nada de lo que dices, y además les haga gracia (aunque les estés insultando a grito pelado ¿pensarán que son jotas?), tiene su puntito. A la hora de comprar cosas en las ventanillas, ya me lo he aprendido y, cuando se ponen al lado para meter el dinero mientras piden y se cuelan, me giro, les pego un culetazo y pido antes. Allá donde fueres…

Lo del marujeo viene porque, para hacer tiempo en el aeropuerto, decidimos echar unos cotos al guiñote (por cierto, no juguéis nunca con Ingrid, canta algo en todas las partidas) y los chinos se acercaban a mirar qué hacíamos, pero hasta quedarse a la altura de nuestra cara. Imaginad la escena: yo jugando con Ingrid. Veo que se descojona. No entiendo nada. ¡¡¡Y resulta que tengo a un chino a punto de darme un beso en la mejilla!!! Además, cuando te miran extrañados por ser occidental, no apartan la mirada hasta que tú se la mantienes un rato y saludas. Ellos contestan, se ríen y se van, en fin…

Y lo último es simplemente porque se pasan el día escupiendo. Siempre. En todas partes. En el aeropuerto, en el autobús, en las papeleras…

Concentración total. Escribiendo la dirección del hotel en el papel

El viernes por la noche llegamos a Xian. Sin correr, en hora y con las maletas en condiciones. Xian es una ciudad algo más fresca (0ºC), pero que se toleran perfectamente porque no conocen el cierzo. Por la mañana nos fuimos de paseo por otro de esos fantásticos mercadillos callejeros donde se mezclan las comidas más variopintas con todo aquello que se pueda vender. Y por supuesto, barato.

Brocheta de huevos fritos de codorniz (o de algo pequeño)

Corazones de ternera (o de algo grande). No, de esto no comimos

Brochetas de carne

Para bajar la comida, nos fuimos a visitar la muralla que rodea la parte céntrica de la ciudad. Por su parte superior, se puede circunvalar por completo caminando o, en nuestro caso, alquilando una bici. ¡Menuda ilusión cuando vimos que había tándems!

Hasta samuráis tienen para ambientar

Al principio fue gracioso. Nos costaba arrancar, Ingrid pegaba grititos (bueno, chillaba como una mona en celo) porque se asustaba, y paseábamos como dos enamorados por la muralla. Total, teníamos más de hora y media para dar toda la vuelta, así que le podíamos dar hasta dos… ¡los cojones! Cuando al girar la primera esquina de la rectangular muralla no conseguíamos ver la esquina siguiente, empezamos a asustarnos un poco. Tras 13 kilómetros de empedrada muralla (sí, 13), con el culo como la bandera de Japón y sudando como pollos, nos esforzábamos por hacer el último kilómetro a tiempo para no pagar penalización ¡angelicos!

Más que una muralla, parece el Pº Independencia

Por la noche, a comer dumplings, que son como raviolis del tamaño de un puño para recobrar las fuerzas e ir al día siguiente a ver los famosos guerreros de Xian.

Dedicada a Sara ¡FELICIDADES! y Albert. Gracias chicos

Para los que no los conozcáis, os dejo un enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Guerreros_de_terracota

La verdad es que nos han dejado un poco fríos, porque todavía están desenterrando gran parte de los guerreros y nos esperábamos algo más impresionante. Además, se ven desde arriba, con lo cual pierden bastante, pero imaginar cómo debía ser el ejército al completo, sobrecoge.

Tía Rosa, esta va por ti



No hay dos guerreros iguales y, originalmente, estaban todos pintados por completo pero, al desenterrarlos, descubrieron que la pintura se descomponía en cinco horas. No entendemos cómo no pudieron darse cuenta de eso hace 2300 años (modo ironía ON), cuando recubrían las armas de los guerreros con aleaciones de metales de 3 micras de grosor, que les han permitido llegar hasta el día de hoy brillantes y como nuevas. Esa técnica, no se descubrió en occidente hasta hace 50 años… ¡Jodo petaca con los chinos!

Como veis, muchos están mancos y/o decapitados, y eso es porque estas partes se ensamblaban a posteriori.
Zona de trabajo, y nosotros haciendo caso omiso
Montar estos puzzles es ¡exacto! un trabajo de chinos jejeje

Yo, por mi parte, curioseando en libros de medicina china, he descubierto que las infecciones de orina no se deben a una bacteria que se elimina fácilmente con antibióticos (el famoso Monurol® entre otros), sino a un edema del Yang que hay que contrarrestar reajustando el Yin. A la cama no te irás…

Y de momento poco más. China está resultando un país curioso, pero agradable y sonriente. Mañana comenzamos con la primera de las dos “superciudades”, Beijing. 22 millones de habitantes y temperaturas bajo cero nos esperan. Hasta la próxima entrada os deseamos unas felices compras prenavideñas.

¡Ah! Y toda esta comida por 4,5 euros

Zàijiàn! (leído dsáidchién, que significa ¡adiós!)

Jorge

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Nihao!

Así íbamos teniendo entretenimiento durante el primer vuelo...
 
Pues eso, así nos recibían ya en el avión, lo que viene siendo nuestro ¡hola! pero sin la Preysler, jajaja…

El viaje desde Bangkok hasta Guangzhou (en China), y luego hasta Guilin fue increíblemente bien. Ya somos un poco escépticos con esto de los vuelos, así que valoramos infinitamente llegar sin correr, tener nuestras mochilas intactas, pasar inmigración sin problemas… en fin, detallicos.

La única preocupación fue mi tos, que arrastro desde hace casi dos semanas (una bronquitis que no sé dónde he pillado), porque los chinos están muy tontos con esto de que entres un poco enfermo. Así que Jorge no hacía más que decirme que nada de toser, y que pusiera cara de sanota :) y no se andan con tonterías, no, nos hicieron pasar por un arco (como los de metales) que detectaba la temperatura corporal, no fuera a ser que se les colara alguno con fiebre. De hecho, vimos como sacaron a uno de la fila porque le pitó el arco. Lo que hicieron con él no lo sabemos.

El hotel nos decepcionó un poco, porque pensábamos que la habitación iba a ser esta:
 
Qué cuqui, con su espumillón, su corazoncito...
 

Pero como nos vieron cara de occidentales debieron de pensar que esa decoración no iba con nosotros, así que nos dieron esta otra:
 
Nos daban hasta zapatillas de andar por casa. Y por 20 euros al noche, mola :)
 

Lástima, una foto en la otra habitación hubiera sido la bomba (aunque he de decir que prefiero la que nos dieron…)

Tenemos que reconocer que los alimentos que venden en los restaurantes son frescos, frescos. Son tan frescos que, de hecho, tienen a los animales vivos en la puerta en jaulas y barreños esperando a ser cocinados. Esto viene siendo como el capítulo de los Simpson en el que el señor Burns tiene que elegir una vaca para su cena, ¿os suena? Os pongo el enlace por si acaso (aunque está en español latino, lo siento, no lo he encontrado en el nuestro). 
 
 
Bueno, pues lo mismo. En diferentes barreños vimos serpientes (sí, casi me muero, además larguicas y gordas), peces, cangrejos (bueno, en realidad esto es como en el super de El Corte Inglés), y tortugas de más de 30 cm de largo, que me acuerde ahora. Y en jaulas, patos, pavos, armadillos, ratas del bambú… total, que me he vuelto vegetariana, porque a ver si me voy a pedir algo de chicha y como no entiendo nada me ponen rata. Paso. Arroz y noodles (son como tallarines) estará bien :)

Ayer nos amaneció nublado y frío en Guilin, cosa rara por lo que se ve en esta época del año, así que nos fuimos a dar un paseo por la ciudad. Fuimos a un parque que en primavera debe de ser majico, pero que ahora, reconozcámoslo, viene siendo como cualquier parque en invierno: gris. Pero tiene unas cuevas que venían recomendadas en la Lonely, así que sacamos entrada y para allí que nos fuimos. La primera en la frente, cuando ya habíamos bajado a las cuevas se apagaron las luces, sólo quedaron las del suelo para no ostiarnos, pero vamos, que no se veía un pijo. Así que vuelta para arriba, a hacerles entender a los de la entrada (y es que aquí nadie habla en inglés, menos mal que trajimos de España una guía de esas rápidas para hablar en chino) que no había luz. Y nos dicen que tenemos que esperar a la guía, que nos irá encendiendo las luces conforme avancemos (bueno, esto último lo dedujimos nosotros, de ellos sólo entendimos la palabra guía y el gesto de sentarnos ahí al lado). Así que un rato después volvíamos a bajar con guía y grupo de chinos incluido. La parte positiva es que la guía iba explicando cosas de la cueva, así que aprendimos un montón. Os dejo un video para que veáis qué interesante fue:
 
 

Pues eso, que lógicamente las explicaciones nos las pasamos por el forro, nosotros sólo queríamos las lucecicas para poder ver algo. Y qué lucecicas, madre mía, qué explosión de color, qué psicodélico era todo. ¡Abajo las cuevas aburridas de España iluminadas sólo con un foco! ¡Para qué un único color, cuando puedes usar el rojo, el verde, el amarillo, el naranja, el violeta, el azul! Os dejo foto, así lo podéis apreciar vosotros mismos.
 
Y eso que en la foto no se aprecia igual que en la vida real
Había luces hasta para que no te golpearas la cabeza
 

Ya nos empezaba a gustar esto de la cueva, pero entonces la guía preguntó algo, y todos los chinos contestaron algo a la vez (sí, nosotros éramos los pardillos marginados). Y entonces aún nos gustó más esta excursión. Si queréis saber qué fue lo que nos gustó tanto, click en el video :P
 

Otra cosa sorprendente fue encontrarnos con un puesto de venta de collares en mitad de la cueva, cuando llevábamos ya un cuarto de hora andando. Te montan un chiringuito donde sea, está claro… Otro de los negocios que tenían dentro consistía en hacerte fotos en puntos concretos de la cueva, donde las luces eran especialmente horteras, y vendértelas a la salida por 0,5 euros. Pero el que se llevó la palma de lo kafkiano consistía en una mujer con el pelo hasta las rodillas que se fue peinando (y añadiendo extensiones) hasta que se hizo una especie de moño.
El antes...

... y el después (se podía haber girado para la foto, cachis...)

Y en eso estábamos, todos de pie mirándola, cuando de repente, ¿veis la cortina que tiene detrás? Pues se abrió de golpe y apareció esta otra mujer:
 
Joder, es que encima menuda cara. Aunque con eso en el cuello no me extraña

Ahí se quedó, sin más, de pie, mirándonos. A mí me entro un ataque de risa, ya no sabía si estaba visitando una cueva o el circo de los horrores, ¿¿qué hacía esa señora ahí?? Seguramente habría una explicación, pero como la darían en chino, no nos enteramos…

Acerca de la comida, ya nos atrevemos a comer en los puestos de la calle, sólo nos aseguramos de decir pu la (no picante, gracias, Sara y Adrián) e intentamos que parezca pollo, si es animal. Y si no es pollo, que no me digan lo que es, porque prefiero no saberlo. De todas formas, lo que comemos está bueno, con deciros que hay McDonald’s y aún no hemos entrado os lo digo todo.
Primera probatina: chocolate caliente. Pero son raros hasta para eso, porque había trocitos sólidos de algo (que no eran chocolate) que daban un poco de grima/asco morder. Luego resultó ser como gelatina...
 
 
Ah, y con respecto a cómo vestirnos no nos preocupa mucho, porque vemos que a la gente de por aquí le gusta lleva un look casual. ¿Que no sabes qué ponerte por la mañana? Pues en pijama, porque más cómodo imposible :) y con zapatillas de andar por casa, que son muy calentitas.

Y rascándose el culo, como una señora. Así, sí...


Hoy hemos venido a Yangshuo en bus (horita y media). Pensábamos que iba a ser más complicado (por aquello del idioma) pero había un panel informativo donde vendían los billetes y nos ha quedado claro como el agua:
 
¿No os queda claro a vosotros también?
 

Menos mal que a la de la ventanilla con decirle Yangshuo, hacer el signo del dos con la mano y pagarle con un billete que esperábamos fuera lo suficientemente grande, nos hemos apañado. Jorge ha tenido anécdota en el baño, eran todo baños turcos, separados entre sí pero sin puerta. Para mear, pues bien, total, están de espaldas… Pero ha alucinado cuando ha visto a varios de ellos cagando, todos acuclillados, en actitud meditativa… Intimidad cero, vamos. Menos mal que nuestros hoteles tienen baño en la habitación…

Y de momento esto es todo, amigos. Seguiremos informando puntualmente, o al menos lo intentaremos, que la sombra de la censura nos persigue…
Ingrid

domingo, 5 de diciembre de 2010

Todo lo bueno se acaba

Aunque confío en que lo queda por llegar nos deje, al menos, la mitad del buen sabor de boca que nos ha dejado Tailandia (literalmente también, porque se come de cojón).

Os dejamos alguna fotillo más de esta bonita zona del país

Cervecita (también vale cubatita) y playita. Bea, esta va por tí ¿te animas?

Krabi

Con más de 30ºC y la gasolina en botellas de cristal (eso sí, con sombrilla)

Recuerdo de una medusa en el brazo de Ingrid (si, familiólogos y dermatólogos, ya lleva tratamiento)

Despidiéndome de Nemo ¡hasta pronto, amigo!

Los últimos días en la isla de Ko Lanta (todas las playas parecen mañicas, por eso de que siempre empiezan por Ko, je, je) fueron lluviosos, así que aprovechamos para descansar, pasear por la playa, y hacer algún nuevo amiguete como este

Cangrejo ermitaño

Así que, con enorme pena y un "hasta luego", nos marchamos camino de la, en teoría, caótica ciudad de Bangkok. El viaje fue toda una aventura: ¡Catorce horas de autobús para hacer 700 kilómetros! Eso si, al menos vimos dos películas "de tortas" para pasar el rato entre parada y parada. Durante una de las mismas en una gasolinera, nos sorprendió un cartel en el que prohibian beber alcohol bajo pena de 200 euros o ¡6 meses de cárcel!. Eso sí, se podía fumar, al contrario que en los parques al aire libre en los que está prohibido... No, yo tampoco lo entiendo.

50 eurazos por fumar en el parque
Las horas pasaban muuuuuy lentas mientras intentaba buscar una postura para cabecear un rato, cuando de repente, vi un pequeño ratoncillo que correteaba por el pasillo. Me frotaba las manos imaginando el momento en el que tocara algún pie y lo descubriera alguna fémina, pero no hubo suerte. 
Como curiosidad, comentar que los autobuses y algunas furgonetas de Tailandia son híbridos, motivo por el cual había que parar varias veces durante cerca de una hora a recargar baterías. Ecológico, pero poco práctico para viajes de largo recorrido.

Y finalmente llegamos a Bangkok. Tras dejar las mochilas en el hotel y con cara de "salientes de guardia" por no haber dormido en toda la noche, nos fuimos a pasear por la ciudad. Por la mañana nos fuimos al templo de Wat Pho, también conocido como "el del Buda gigante", ya que tienen un señor Buda de 46 metros tumbado a la bartola con cara de estar, pues eso, muy relajado.

No pudimos conseguir ninguna foto mejor de los tres

¿A que parezco un samurai?

Para llegar hasta allí utilizamos un curioso sistema de transporte, el barcobús; es un pequeño barco que va haciendo paradas a lo largo del río. Barato, rápido y entretenido a la vez.

Navegando por Bangkok

Por la tarde, a callejear. Nos acercamos hasta uno de los famosos mercadillos de imitaciones que hay por aquí. Por el camino, nos sorprendimos de la cantidad de la cantidad de establecimientos que ofrecen masajes: de pies, de espalda, tailandés, de testículos... (si, como leeis, estos deben ser los del "happy ending"). Además, hay infinidad de bares con espectáculo de ping pong incluido. Para los más castos y deportistas, os pongo un enlace que os aclarará a qué me refiero: http://en.wikipedia.org/wiki/Ping_pong_show (y no, Juan, no me dejaron entrar a verlo). Y es que Bangkok es una ciudad tradicional y moderna a la vez. De hecho, creo que jamás había visto tantas parejas gays y transexuales en un solo día. Es una ciudad manejable a pesar de su tamaño, moderadamente contaminada, asequible, limpia, con gente amable y provista de todos los servicios que uno necesita y con una buena parte de historia escrita en sus calles y templos. Sí, podriamos vivir en Bangkok.

¿Él o ella?

Al día siguiente era domingo y, para mas inri, el cumpleaños del rey (que aquí es como un semidios), ¿y qué se puede hacer una calurosa mañana de domingo? ¡Exacto! Hemos ido al rastro. Pero no un rastro cualquiera, no, el mercadillo más grande del sudeste asiático. Aquí hay literalmente de todo, desde ropa a comida pasando por cosas de decoración, libros, imitaciones de artículos de marcas caras...etc. Más de 200000 personas lo visitan cada día, así que os podéis imaginar ¿no?

A mi me ha hecho gracia el maniquí
¡Pantuflas para tod@s!

Casi lloro de la emoción al verlo

Y mañana comenzamos una nueva etapa, China. Dos semanas de viajar mucho, pasar frío y enriquecernos con la gran cultura de este inmenso país. La única pega es que quizá nos censuren el blog y no podamos actualizarlo hasta dentro de dos semanas, cuando lleguemos a EEUU. Así que, si veis que no hay novedades en unos días, pensad que es el final de la temporada y así cogeréis con más ganas la siguiente.

Como siempre, abrazos para ellos y besos para ellas.

Jorge

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¡Bajo del mar...!

Bueno, pues después de cagarme en la puta de oros en varios idiomas, vuelvo a escribir la entrada que estaba a puntito de publicar cuando, mágicamente, se me ha borrado...

Para darle ambiente, encended los altavoces del ordenador y pulsad el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=krueOmpVCAo

Porque hoy os voy a hablar de la vida "bajo del mar", es decir, de nuestro curso de buceo en estas cristalinas y maravillosas aguas. 

¿A que apetece darse un bañito?

Y encima está calentita
Porque después de hacer snorkel en las islas Phi-Phi (lo que viene siendo bucear con gafas, tubo y aletas, sin más, en la superficie), y maravillarnos con la cantidad de cosas que se veían por allá abajo, pensamos que quizá era el momento de dar el siguiente paso. Así que nos apuntamos a hacer el curso de Open Water Divers. Este curso de tres días, te capacita para poder sumergirte, sin ahogarte ni ahogar a los demás, en cualquier parte del mundo hasta 18 metros de profundidad.

Lo primero que nos dieron en el curso fue un libro, así que, a estudiar, ¡y en inglés!, pero sarna con gusto no pica, y en la tumbona de la piscina, se estudia mejor que en la biblioteca de medicina ¿o no?

Durante el curso, aprendes los conceptos físicos básicos para entender por qué flotamos (¡cómo bostezaba Ingrid al adquirir tantos y tan complejos conocimientos nuevos!), te enseñan de qué partes se compone un equipo de submarinismo, a prepararlo, a ponértelo, a quitártelo, a sumergirte y salir del agua sin que se te formen burbujas de nitrógeno del tamaño de una sandía en la cabeza...etc. Cuando tienes esto claro, ¡al agua!. Eso sí, al principio te sumerges a poco más de un metro de la orilla, para ir practicando qué hacer si pierdes el respirador, si te quedas sin aire, si te enganchas con algo, si pierdes las gafas, y cosas por el estilo. Además, por la tarde, videos sobre lo mismo, para que no se te olvide y exámenes para controlar si te lo aprendes o no, como en el colegio.

¿Os pensais que todo es tan coñazo? Efectivamente, eso era el calentamiento, ahora os voy a contar cómo son los otros dos días.

Nos levantamos sobre las 6 y vienen a buscarnos en un descapotable para llevarnos al centro de buceo.

Si abres la boca y pillas mosquito gordo, llegas ya desayunado
Una vez allí, nos juntamos con el resto de buceadores y echamos un cafecillo. Unos hacen el curso avanzado, otros el mismo que nosotros, otros hacen inmersiones por diversión...etc.
Nos acercamos a la playa, donde una barca nos acerca hasta el barco, que está fondeado hacia el interior, ya que hay poca profundidad cerca de la orilla.
En el barco, a desayunar: huevos revueltos, tostadas, café, té, zumos, embutido ¡hay que coger fuerzas!
De camino a las islas donde nos sumergiremos, la gente aprovecha para tomar el sol en cubierta o estudiarse el libro, Ingrid prefiere repasárselo mentalmente.

Ojo a la cara de estrés y agobio que tiene
Poco antes de llegar, nuestro instructor, Simon, nos comenta qué es lo que vamos a hacer y bajamos a preparar los equipos y, en cuanto están listos ¡al agua, patos!
Los que lo hayais probado, sabréis de que hablo ¿verdad Quique?, y los que no, no deberiais dejar pasar la oportunidad de hacerlo alguna vez. Lo que unos minutos antes eran dudas ¿cómo coño voy a flotar si no puedo ni levantarme con todo este equipo? ¿y si no sale aire y me pongo de un color azulón?, de repente se convierte en una sensación increible. Estás flotando a 10, 12, 15 metros de profundidad, moviéndote sin dificultad y cogiendo el aire como si hubieras llevado el respirador en la boca toda la vida. Rodeado de corales, bancos de peces que se acercan hasta tocarte (no te temen si no tratas de hacerles nada), y escuchando tan solo el ruido de las burbujas al salir de tu boca... 

Tras la primera inmersión, a recuperar fuerzas comiendo y a sumergirse una segunda vez ¿y quién no querría hacerlo? ¿acaso no es esto el paraiso? Yo creo que sí.

Las islas Phi-Phi desde el barco
No tenemos mal color para ser diciembre ¿no?
Al día siguiente, más de lo mismo (dura vida esta...) y, al acabar, examen final. Cincuenta preguntas tipo test (para los colegas de profesión, si nos dieran un euro por cada uno de estos que hemos hecho, estariamos forrados ¿eh?) y, finalmente... ¡APROBADOS!
Con Simon y nuestra compañera de inmersiones, Heather
Durante las inmersiones, nos hicieron un video y algunas fotos, pero 40 euros nos pareció un precio un tanto elevado, así que nos compraremos una cámara acuática y nos las haremos nosotros mismos en otra ocasión.

A destacar el buen rollo que se respiraba entre todos, tanto con nuestro instructor y su novia, como con el resto de monitores. 100% recomendable, tanto el curso, como la escuela de buceo. Por si a alguien le interesa: www.palmbeachdivers.com (además, nos regalaron una camiseta je, je).

Estos tres pequeñines aparecieron por allí también a saludarnos (imaginaos la cara de Ingrid al verlos).
¡Monísimos!
Yo pensaba que formaban parte del almuerzo, pero mi señora no me dejó ni darles un lametoncillo (y buceando se hace hambre ¿eh?)
Como era marroncito, pensaba que llevaba chocolate
Por las tardes, nos relajábamos viendo esas increibles puestas de sol con una cervecita y, tras la cena, al bar de la playa a tomar algun cocktail.
Sin palabras

Otra vez estresada
Cartel del bar. Sí que estamos lejos de casa, sí

¡Brindemos por la nueva sirenita!
La verdad es que no podemos quejarnos. Tras un comienzo desafortunado, la vida nos ha sonreido, permitiéndonos conocer dos paises increibles a los que, sin duda volveremos. Hemos tenido la oportunidad de superar nuestros límites de altitud y profundidad, pasando en dos semanas de estar a 4200 metros en el campo base del Annapurna, a bucear a 18 metros bajo el mar en unas de las mejores playas del mundo. Verdaderamente somos muy afortunados.

También nos gustaría disculparnos por haber dejado un poco de lado el tema de los comentarios. Últimamente no hemos parado mucho y la conexión a Internet en Tailandia, deja bastante que desear, pero intentaremos ir respondiendo poco a poco.

De momento eso es todo, una entrada monotemática pero espero que interesante.

Un abrazo y, como dicen por aquí: take it easy, my friend!

Jorge