当我们终于成功地跳过中国审查, huy, perdón, es la costumbre. Decía que, como hemos conseguido saltarnos la censura china, seguimos contándoos nuestras aventuras, aunque nadie nos deje comentarios últimamente…
Ingrid os dejó en el autobús camino de Yangshuo y, al llegar, antes de bajarnos, una horda de mujeres chinas con gorra, (y gritando, para no variar) se agolparon en la puerta delantera sin dejar prácticamente sitio para bajar. Lo que pretendían era venderte alojamiento, excursiones…etc. La verdad es que en este pueblo, que en verano debe estar sobresaturado de turistas, son bastante insistentes con el tema, lo cual corroboro con dos anécdotas:
Por un lado, una china (de las de la gorra), tras intentar vendernos un billete de autobús que no necesitábamos, decidió seguirnos por la calle, igualico que en las pelis, hasta que, harto de la situación, me pegué a un palmo de su nuca y empecé a seguirla yo. La mujer se reía porque no entendía nada, pero dejó de seguirnos.
Esa misma noche, una señora con su pequeñín de 5 ó 6 años, empezó a pedirnos dinero para que su hijo pudiera comer. Yo, tras ver que el chaval estaba un pelín orondo, y que no vestían nada mal, le cogí de los cachetes y le dije a la señora que el mozo estaba bastante lustroso. El niño se reía, a la madre ni puta gracia porque no entendía nada. Pero también se fueron.
Eso sí, por timar, timan hasta en las galletas del super
Esa misma noche, una señora con su pequeñín de 5 ó 6 años, empezó a pedirnos dinero para que su hijo pudiera comer. Yo, tras ver que el chaval estaba un pelín orondo, y que no vestían nada mal, le cogí de los cachetes y le dije a la señora que el mozo estaba bastante lustroso. El niño se reía, a la madre ni puta gracia porque no entendía nada. Pero también se fueron.
Eso sí, por timar, timan hasta en las galletas del super
| ¿Véis alguna diferencia? |
Aparte de eso, en Yangshuo, que es un pueblo encantador, decidimos hacer lo mismo que todo el mundo, pasear por el río Li en barca. A lo largo del recorrido por este tranquilo valle, se pueden apreciar unas curiosas y bonitas formaciones rocosas como estas
Al día siguiente, nos alquilamos unas bicis (música ambiente: http://www.youtube.com/watch?v=epgyu_2QieE&feature=related) y nos fuimos a dar otro tranquilo paseo por el río, que se convirtió en una “megarruta” en la cual juntamos dos circuitos que, teóricamente, deberían habernos costado unas 7 horas y los terminamos en 4 ¡ole, ole y ole! y eso que nos perdimos e Ingrid tuvo que preguntar a la gente dónde estábamos. Lo curioso era que ni ellos mismos lo sabían.
| Menudo espectáculo ¡ni se ubicaban en el mapa! |
| Ahora soy yo el que trata de ubicarse |
| Desde el puente del dragón (siglo XV) |
| Celebrando la gesta con mojitos y gin-tonics |
Al día siguiente, antes de irnos hacia Xian, comimos en un pequeño restaurante del pueblo. Mientras esperábamos la comida, apareció una rata por el comedor que hizo que Ingrid se pusiera muuuuy contenta. Cuando conseguí bajarla de la mesa, se lo comenté a la camarera, y ella me decía: “mouse, mouse”; ¿Mouse? ¡Mis cojones,! que era del tamaño de mi muslo. ¡Coño, chino no sabré, pero diferenciar un ratón de una rata, sí!
Ya en el aeropuerto, aprendimos tres curiosas costumbres de los chinos:
1. Pasan de hacer fila, se cuelan y siempre van con prisa
2. Son unas marujas cojonudas
3. Son bastante guarros (al menos algunos)
Lo primero llega a poner de mala hostia. Estábamos en el mostrador de facturación cuando, en el puesto de al lado, se puso una señorita y nos dijo que pasáramos en orden de fila. Pues no sé cómo, empezaron a correr con los carros empujando hasta pasar delante. Así que, en un perfecto aragonés con tacos, les mandé a tomar por el orto a todos. Una vez más me miraron con cara rara, pero me quedé más ancho que largo. Y es que eso de que no entiendan nada de lo que dices, y además les haga gracia (aunque les estés insultando a grito pelado ¿pensarán que son jotas?), tiene su puntito. A la hora de comprar cosas en las ventanillas, ya me lo he aprendido y, cuando se ponen al lado para meter el dinero mientras piden y se cuelan, me giro, les pego un culetazo y pido antes. Allá donde fueres…
Lo del marujeo viene porque, para hacer tiempo en el aeropuerto, decidimos echar unos cotos al guiñote (por cierto, no juguéis nunca con Ingrid, canta algo en todas las partidas) y los chinos se acercaban a mirar qué hacíamos, pero hasta quedarse a la altura de nuestra cara. Imaginad la escena: yo jugando con Ingrid. Veo que se descojona. No entiendo nada. ¡¡¡Y resulta que tengo a un chino a punto de darme un beso en la mejilla!!! Además, cuando te miran extrañados por ser occidental, no apartan la mirada hasta que tú se la mantienes un rato y saludas. Ellos contestan, se ríen y se van, en fin…
Y lo último es simplemente porque se pasan el día escupiendo. Siempre. En todas partes. En el aeropuerto, en el autobús, en las papeleras…
| Concentración total. Escribiendo la dirección del hotel en el papel |
El viernes por la noche llegamos a Xian. Sin correr, en hora y con las maletas en condiciones. Xian es una ciudad algo más fresca (0ºC), pero que se toleran perfectamente porque no conocen el cierzo. Por la mañana nos fuimos de paseo por otro de esos fantásticos mercadillos callejeros donde se mezclan las comidas más variopintas con todo aquello que se pueda vender. Y por supuesto, barato.
| Brocheta de huevos fritos de codorniz (o de algo pequeño) |
| Corazones de ternera (o de algo grande). No, de esto no comimos |
| Brochetas de carne |
Para bajar la comida, nos fuimos a visitar la muralla que rodea la parte céntrica de la ciudad. Por su parte superior, se puede circunvalar por completo caminando o, en nuestro caso, alquilando una bici. ¡Menuda ilusión cuando vimos que había tándems!
| Hasta samuráis tienen para ambientar |
Al principio fue gracioso. Nos costaba arrancar, Ingrid pegaba grititos (bueno, chillaba como una mona en celo) porque se asustaba, y paseábamos como dos enamorados por la muralla. Total, teníamos más de hora y media para dar toda la vuelta, así que le podíamos dar hasta dos… ¡los cojones! Cuando al girar la primera esquina de la rectangular muralla no conseguíamos ver la esquina siguiente, empezamos a asustarnos un poco. Tras 13 kilómetros de empedrada muralla (sí, 13), con el culo como la bandera de Japón y sudando como pollos, nos esforzábamos por hacer el último kilómetro a tiempo para no pagar penalización ¡angelicos!
| Más que una muralla, parece el Pº Independencia |
Por la noche, a comer dumplings, que son como raviolis del tamaño de un puño para recobrar las fuerzas e ir al día siguiente a ver los famosos guerreros de Xian.
| Dedicada a Sara ¡FELICIDADES! y Albert. Gracias chicos |
Para los que no los conozcáis, os dejo un enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Guerreros_de_terracota
La verdad es que nos han dejado un poco fríos, porque todavía están desenterrando gran parte de los guerreros y nos esperábamos algo más impresionante. Además, se ven desde arriba, con lo cual pierden bastante, pero imaginar cómo debía ser el ejército al completo, sobrecoge.
| Tía Rosa, esta va por ti |
No hay dos guerreros iguales y, originalmente, estaban todos pintados por completo pero, al desenterrarlos, descubrieron que la pintura se descomponía en cinco horas. No entendemos cómo no pudieron darse cuenta de eso hace 2300 años (modo ironía ON), cuando recubrían las armas de los guerreros con aleaciones de metales de 3 micras de grosor, que les han permitido llegar hasta el día de hoy brillantes y como nuevas. Esa técnica, no se descubrió en occidente hasta hace 50 años… ¡Jodo petaca con los chinos!
Como veis, muchos están mancos y/o decapitados, y eso es porque estas partes se ensamblaban a posteriori.
| Zona de trabajo, y nosotros haciendo caso omiso |
| Montar estos puzzles es ¡exacto! un trabajo de chinos jejeje |
Yo, por mi parte, curioseando en libros de medicina china, he descubierto que las infecciones de orina no se deben a una bacteria que se elimina fácilmente con antibióticos (el famoso Monurol® entre otros), sino a un edema del Yang que hay que contrarrestar reajustando el Yin. A la cama no te irás…
Y de momento poco más. China está resultando un país curioso, pero agradable y sonriente. Mañana comenzamos con la primera de las dos “superciudades”, Beijing. 22 millones de habitantes y temperaturas bajo cero nos esperan. Hasta la próxima entrada os deseamos unas felices compras prenavideñas.
| ¡Ah! Y toda esta comida por 4,5 euros |
Zàijiàn! (leído dsáidchién, que significa ¡adiós!)
Jorge
